viernes, 26 de septiembre de 2014

París

Luces y sombras, querida.
Amanece en París a 3º bajo cero y en el cielo no hay ni una nube que sea capaz de ubicarme en tanto espacio.
Ayer me fui de verbena como hace mucho tiempo que no hacía. Las cosas han cambiado muy poco en la calle. Las aceras cubiertas de desangelados figurines de plástico y, flotando sobre ellos, un hedor espantoso a desidia y nada.
Se me vino al paladar de la memoria ese sabor metálico que produce el qué será de mí.
No cambian los tiempos, no cambian los sucesos, no cambian las circunstancias, ni cambia lo externo, solamente yo soy mutable.
París como Tombuctú, Nueva Orleans como Jamaica, el Tíbet como Berlín.
Yo volando por encima de los lugares, de las religiones, de los momentos, de las guerras, de las personas, descubriendo lo que trasciende. Buscando el UNO y el infinito múltiple.
Querida Antonia, lo que acontece no es más que lo que ha de suceder; así que, nos dedicaremos a lo fundamental: estoy en la obligación de curarme.
Que descanses.