Vayan estas reflexiones a modo de preámbulo:
Como siempre, le escribo a mi Antonia, que es la que más fácil me lo pone.
Esto es para un libro, queridísima Antonia, aunque de momento debo ser más humilde y aspirar a algo alcanzable sin tanto esfuerzo.
Empecé escribiendo aquí en el año ¡2009! Y han pasado ya diecisiete años, amiga mía. Aquí seguimos las dos como si nada. O sí.
Magníficas las cosas que suceden. El tiempo me ha ido dando muchas de ellas, si lo pienso bien. También otras menos destacables. O no.
La cuestión es que, si me pongo a relatar si es cierto que me dará para "el libro". Ahora, todo el mundo escribe un libro. ¿Será por falta de comunicación? Curioso.
A lo largo de todo este tiempo, han sucedido, como he dicho, muchas cosas: iniciaciones, subidas de salario, exaltaciones, bodas, nietos (pronto serán tres), descubrimiento de mi ángel, fallecimiento de mi padre, peleas y herencias, obras y gastos, préstamos estúpidos, amigos nuevos, el Tarot y las Estrellas, Omnity, entradas en la realidad, salidas de la realidad, mierdas y fiestas, reconciliaciones ficticias, estudio y formación, ¿avance espiritual?, meditaciones, vehemencias y fascinaciones, bodas, bautizos, defunciones... Y más.
Mucho que decir, poco que hablar.
Oh, Antonia, ¿Cuántas veces te has cambiado el vestido?
Yo tengo uno no para todas las horas, otro para todos los días, otro para los domingos, otro para la playa, otro para la casa, otro para comprar, otro para pintar, otro para ir a misa, otro para ir al yoga, otro para el colegio, otro para las fiestas, otro para el silencio, otro para pensar, otro, en varias versiones, para ver a la familia, otro para ver los toros desde la barrera, otro para dormir y querer soñar, otro para las adicciones, otro para el miedo, otro para el dolor, otro para la satisfacción, otro para la esperanza, otro para la paz, otro para la violencia, otro para el amor. Y más.
Me ha dado tiempo a ponérmelos todos con frecuencia y algunos, varias veces al día.
Ahí están, como recién adquiridos, formando parte de mi armario y de mi vida, claro está.
¡¡Locura!!


