Silva en la colina el fuste del arriero, que viene dislocado buscando una cobacha donde pasar la pena.
Ha perdido las riendas y esas yeguas roanas tiran sin compasión.
Mira, querida Antonia, es un hato de huesos y pelos deslavazados sentado en lo alto del carromato.
¡Qué tristeza tan amarilla!
"Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
Sólo Dios basta.
Eleva tu pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
nada te turbe".
Santa Teresa de Jesús