sábado, 23 de junio de 2012
Ziribulle
Los ves a todos con sus herramientas torpes, buscando el modo y la forma de agarrarse a la vida. Los ves, Antonia, y de repente estás bajo la cascada de todos los oasis de la tuya; esos rinconcillos en los que permanecen las almohadas, los edredones, las lámparas cálidas, las fotos gualdeando, las canciones demodée, ... Y sin embargo, sólo el amarillo te recuerda a las alturas en las que habitas, ensimismada a propósito para dejar de mirar al suplicio reverberante y plateado;ese que me invita a gentiles restauraciones, cada vez más ineficaces.
Está bien este exorcismo exótico, Antoñita. Ja
Los amarillos redondos ya están aquí
Y hay una luna de hoz naciendo al final de la escalera. Asómate a la blanca barandilla y verás, si miras hacia arriba, cómo el espíritu de tus ancestros sube escalado en la frescura. Así llegas a tocar las luminarias insólitas que aparecen de cuando en vez alrededor de tu cuerpo. Descubres que tras-eres y dejas caer el petate recio que te lleva mundo arriba, mundo abajo.
Allí, mi querida Antonia, donde nos encontramos, es el hueco del donut empalagoso y gigante, al que nos obligan los días, las eras. En él, en ese hueco, se encuentra el precioso juego que nos ocupa, así como todas las cosas grandes y azules que cabrían en un cuadro. Toma conciencia, Antonia de que allí el donut no existe. El donut allí no existe.
Ja. Eres inmensa, Antonia, como el gran rosco.
lunes, 11 de junio de 2012
¡Qué gusto, la brisa!
Hoy nos viene de cara; mejor dicho, hoy lo vemos venir de cara, pues en realidad depende todo del giro que le demos al cuerpo nuestro; el aire viene siempre del mismo Sitio.
Parecíamos programadas: una cosa detrás de otra sin parar, sin parar, sin parar. Una delicia.
Antoñita mía, estuvimos hablando a pierna suelta. Fue de esas veces en las que procuran todos los astros estar en conexión para que apreciemos la existencia de Dios. Esto son los milagros.
Deberíamos escribir más para apreciar más todos esos minúsculos placeres que nos suceden a lo largo del día. Son más de los que llegamos a percibir por falta de entrenamiento.
De modo que si me preguntan, qué tal me ha ido, seguramente no sabría contestar con exactitud, sobre todo porque si contase las sensaciones, tendría que dar una larguísima explicación. Y no me apetece nada.
¡Qué gusto, la brisa! ¡Qué placer tenerte, Antonia!
Parecíamos programadas: una cosa detrás de otra sin parar, sin parar, sin parar. Una delicia.
Antoñita mía, estuvimos hablando a pierna suelta. Fue de esas veces en las que procuran todos los astros estar en conexión para que apreciemos la existencia de Dios. Esto son los milagros.
Deberíamos escribir más para apreciar más todos esos minúsculos placeres que nos suceden a lo largo del día. Son más de los que llegamos a percibir por falta de entrenamiento.
De modo que si me preguntan, qué tal me ha ido, seguramente no sabría contestar con exactitud, sobre todo porque si contase las sensaciones, tendría que dar una larguísima explicación. Y no me apetece nada.
¡Qué gusto, la brisa! ¡Qué placer tenerte, Antonia!
sábado, 9 de junio de 2012
Hello
Buenos días, namurtiana.
Arriba en el incendio no hay sitio para nadie más.
Intentaba despejar la jornada, pero hay más telarañas de lo que pensé.
Mañana es fiesta igualmente y habrá que ponerse el traje de los domingos para impresionar. Tenía yo por ahí un pelo falso, de esos que destacan tanto. Y unas pestañas postizas regaladas que me parecían cadillacs sesenteros. Jamás pude ni acercármelas a los ojos.
Hoy quema.
Sigo instalada en medio del cuello de botella, "callejuela sin salida donde yo vivo encerrá, con mi pena, mi alegría, mi mentira y mi verdad. La razón llamó a mi puerta; no puedo entrar ni salir; no estoy viva ni estoy muerta, ni contigo ni sin tí". Increible me parece pensar.
Anduve ayer mirando los relojes del camino. Cada vez hay más, ¿Te has fijado?
En las cartas me decías que mirase por el rabillo del ojo, que es ángulo muerto, para evitar las colisiones extrañas, pero tiendo a que se me olvide y más de un susto he provocado. Supongo qué tan difícil es vivir con nosotras, con tantas dulces incoherencias. Ser maravillosa tiene pocos adeptos, qué le vamos a hacer.
La gran pamela de paja italiana tan cursi, tatúa mi cara de malvas y dorados. Corre por los entredoses una brisa de manzana olorosa que me tiene en vilo y trascendida. Es, hoy también, domingo soleado por la mañana. O lo parece.
No puedo perder un instante. Te dejo, querida. Ya habrá otra ocasión. Si no fueses tan inmanente seguramente no me hablarías. Ja. No entiendo por qué no aparecen los espacios.
Arriba en el incendio no hay sitio para nadie más.
Intentaba despejar la jornada, pero hay más telarañas de lo que pensé.
Mañana es fiesta igualmente y habrá que ponerse el traje de los domingos para impresionar. Tenía yo por ahí un pelo falso, de esos que destacan tanto. Y unas pestañas postizas regaladas que me parecían cadillacs sesenteros. Jamás pude ni acercármelas a los ojos.
Hoy quema.
Sigo instalada en medio del cuello de botella, "callejuela sin salida donde yo vivo encerrá, con mi pena, mi alegría, mi mentira y mi verdad. La razón llamó a mi puerta; no puedo entrar ni salir; no estoy viva ni estoy muerta, ni contigo ni sin tí". Increible me parece pensar.
Anduve ayer mirando los relojes del camino. Cada vez hay más, ¿Te has fijado?
En las cartas me decías que mirase por el rabillo del ojo, que es ángulo muerto, para evitar las colisiones extrañas, pero tiendo a que se me olvide y más de un susto he provocado. Supongo qué tan difícil es vivir con nosotras, con tantas dulces incoherencias. Ser maravillosa tiene pocos adeptos, qué le vamos a hacer.
La gran pamela de paja italiana tan cursi, tatúa mi cara de malvas y dorados. Corre por los entredoses una brisa de manzana olorosa que me tiene en vilo y trascendida. Es, hoy también, domingo soleado por la mañana. O lo parece.
No puedo perder un instante. Te dejo, querida. Ya habrá otra ocasión. Si no fueses tan inmanente seguramente no me hablarías. Ja. No entiendo por qué no aparecen los espacios.
viernes, 8 de junio de 2012
Colores "pastel"
Un viaje nebuloso, bocarriba, con las luces de las lámparas color pastel, las paredes color pastel, los techos color pastel.
Miro tus ojos agarrándome a ellos con toda la fuerza que me va quedando, porque tus ojos no son color pastel.
Tienes los ojos que necesito para que sigas mirando por mí mientras me desaparezco.
¡Qué feos los verdes, los rosas, los "nápoles"!
Querida mía, querida Antonia. Todos los tópicos aparecen en cascada y se van transformando en rancios refranes para que duela menos.
El mundo es tan grande. Tantos cuerpos andando por ahí. Tantas almas. ¿Qué es ser importante? ¿Qué es la importancia?
En fin, Antonia, acuéstate temprano y descansa. Mañana, seguramente se nos renovará la confianza y nos daremos otra oportunidad. Procura alejar de tí la pereza.
domingo, 3 de junio de 2012
Ruidos grises
La tele sigue encendida emitiendo un triste sonido, a pesar de que he querido detenerla. Permanece inmutable este ente, tanto si lo apagas como si lo enciendes. Sin embargo, date cuenta, transforma todo lo que cae bajo el enfoque de su ojo perverso. Allanamiento de una morada. Ja.
Doblo la visión y añado resoluciones más cercanas y más brillantes, aunque pueda quedarme ciega de la mente, del corazón y de la vergüenza.
Tengo inmensas ganas de mover la pereza. Tengo necesidad de llegar hasta aquel lugar lejano o próximo de donde procede la energía. Tengo pegada a la espalda una ventosa invisible. Hay un agujero beige en el sillón y el sudor corre desde la nuca hasta los talones, durante tanto tiempo. Una vez. Otra vez.
La ansiedad es un plato de natillas ardiendo corruptas y ácidas.
Qué extrañas son las tardes de los domingos. Llevan colgando hacia dentro un enfado programado que surge de dónde.
Todo lo que hay detrás de la ventana está vivo. Se mueve.
Lo que hay en el interior es sólo un ruido gris triste.
Y no te veo, Antonia.
Doblo la visión y añado resoluciones más cercanas y más brillantes, aunque pueda quedarme ciega de la mente, del corazón y de la vergüenza.
Tengo inmensas ganas de mover la pereza. Tengo necesidad de llegar hasta aquel lugar lejano o próximo de donde procede la energía. Tengo pegada a la espalda una ventosa invisible. Hay un agujero beige en el sillón y el sudor corre desde la nuca hasta los talones, durante tanto tiempo. Una vez. Otra vez.
La ansiedad es un plato de natillas ardiendo corruptas y ácidas.
Qué extrañas son las tardes de los domingos. Llevan colgando hacia dentro un enfado programado que surge de dónde.
Todo lo que hay detrás de la ventana está vivo. Se mueve.
Lo que hay en el interior es sólo un ruido gris triste.
Y no te veo, Antonia.
sábado, 2 de junio de 2012
Arte
Estoy frente al Arte, que me obliga a revisar lo que se atrofia
con el paso de la rutina.
Amiga Antonia, de nuevo contigo. Háblame de aquellas tardes
que se escurrían en el borde de un escalón, mientras iluminaba el futuro
incierto un sol de pan con chocolate. Háblame de las deshoras, de los
desminutos y los desegundos fluyendo en sensatas sensaciones: el tiempo, sin
cuestionarse el tiempo, discurría profundo y sin importancia.
Querida Antonia, luego vinieron los quehaceres y entonces el
tiempo se convirtió en un lugar negruzco con un agujero en el fondo. Cogía el
tren de cercanías y allá me iba. En los ojos guardaba para no morirme, la luz
de las tardes disueltas, los cacharros de aluminio, el plástico aromático de
mis juguetes, la rejilla de las mecedoras, el ventanal en el mirador, el
chirimoyo y el níspero gigante, el agua de la acequia con musgo y helechos…
Me voy al huerto siempre que puedo.
¿Te das cuenta, Antonia, de cómo de grande hace la memoria
al corazón?
No siempre me gusta
esto. No siempre es bueno ni sano que el corazón crezca a base de la memoria.
Cuando el ansia de soledad liberadora se me hace un nudo en
la garganta, feo se pone el panorama, Antonia.
Me harto de Arte, me saturo de Arte. Necesito el Arte para
volar. Lo Bello es la Verdad. La Verdad es lo Bello y necesito Belleza. Tú ya
me entiendes. A ti no te voy a explicar el oasis que llevo guardado para las
ocasiones de extrema necesidad. Diego habla de una “caja vacía de los hombres”.
Pues algo así, pero yo la lleno inmediatamente de chimeneas cálidas y
reconfortantes como esta que te escribo.
Me gustó más la chimenea que te escribí el otro día; era más
jovial.
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