Tecnológicamente trastabilleando llega el día D, mudo por el sofoco, congestionado y púrpura como el manto del Cristo.
Locos y des-esferados sus minutos M´s y aturdido hasta la ansiedad por las miríadas de S´s del séquito inmanente que le da prestancia, D, decide no formar parte del destino verjurado que le tenían asignado los ancestros de aquel par de criaturas informes, asomadas como voyeurs licenciosos al reprecho de la tapia; aquella que separa los años tuyos de los míos sin compasión.
¡Detente!
No hay día señalado, ni minutos dorados, ni segundos precisos. Párate y mira.
¿Qué hay detrás?
¿Qué hay delante?
Estamos tan solas como el sonido dramático y evanescente de una u arrojada a los abismos.
Somos tan poderosas como el primer rayo de luz que atravesó el espacio sin retorno.
¡Váyanse ustedes lejos a mirar de reojo! ¡Muy lejos!
miércoles, 29 de agosto de 2012
Albayalde
Andrajos amarilleando que cuelgan desde el altozano.
Retoza, Antonia, en la terraza pintada de cegador albayalde, de la que cayó una tarde aquel saco sospechoso de huesos del cual jamás supieron el origen. Un drama, por lo visto.
Lo vieron todo -según comentan- desde la acera de enfrente; donde se sentaban a comer palomitas y a beber coca-cola un grupo disidente de ancianas, de las del sufragio. Pero ellas no abrieron la boca, sobre todo por joder al policía que investigaba el caso: era de la misma quinta y siempre, siempre las miró por encima del hombre; sí, del hombre.
Enlazan la historia esta de alguna manera, con aquella del alcalde que interrumpió descortésmente la llamada de un gerifalte que le consolaba de sus afectos, para rendirse a su dolor de cabeza permanente. Parece ser que luego, como no pudo recuperarse de la profunda vergüenza, lo encontraron armado en brazos de un peluquero inhumano, disfrazado de asno para pasar desapercibido, pintado a la manera romana y tocado con un postizo de grandes bucles blancos que enmarcaban su desteñido rostro de vampiro. Imagínate la escena, querida. David Bowie en esencia.
Y como las cosas son causales, según dicen los doctos modernos, el vínculo tiene su sentido y se reiteran las emociones mirándote y viendo cómo te desvaneces por la escala de cuerda cada día para ir a Cafarnaúm, en busca de mejores parajes.
Ahora no es tiempo ya, pero en cuanto el sol vuelva a acercarse y conforme los higos vayan reventando de amanecer, traeremos juntas un poco de azúcar de la que no marchita y pondremos a los geranios medio crecidos el mejor abono. Me imagino la terraza verde y roja y naranja y rosa y amarilla y teselada de sol por el cañizo.
Retoza, Antonia, en la terraza pintada de cegador albayalde, de la que cayó una tarde aquel saco sospechoso de huesos del cual jamás supieron el origen. Un drama, por lo visto.
Lo vieron todo -según comentan- desde la acera de enfrente; donde se sentaban a comer palomitas y a beber coca-cola un grupo disidente de ancianas, de las del sufragio. Pero ellas no abrieron la boca, sobre todo por joder al policía que investigaba el caso: era de la misma quinta y siempre, siempre las miró por encima del hombre; sí, del hombre.
Enlazan la historia esta de alguna manera, con aquella del alcalde que interrumpió descortésmente la llamada de un gerifalte que le consolaba de sus afectos, para rendirse a su dolor de cabeza permanente. Parece ser que luego, como no pudo recuperarse de la profunda vergüenza, lo encontraron armado en brazos de un peluquero inhumano, disfrazado de asno para pasar desapercibido, pintado a la manera romana y tocado con un postizo de grandes bucles blancos que enmarcaban su desteñido rostro de vampiro. Imagínate la escena, querida. David Bowie en esencia.
Y como las cosas son causales, según dicen los doctos modernos, el vínculo tiene su sentido y se reiteran las emociones mirándote y viendo cómo te desvaneces por la escala de cuerda cada día para ir a Cafarnaúm, en busca de mejores parajes.
Ahora no es tiempo ya, pero en cuanto el sol vuelva a acercarse y conforme los higos vayan reventando de amanecer, traeremos juntas un poco de azúcar de la que no marchita y pondremos a los geranios medio crecidos el mejor abono. Me imagino la terraza verde y roja y naranja y rosa y amarilla y teselada de sol por el cañizo.
martes, 28 de agosto de 2012
Limo sobre Llilliput
Así es.
Como han llovido enanos abundantemente, ahora hay que ver la inmensa cantidad de inútil barro, que ha dejado a la tierra muda, como un gigantesco trozo de tocino dentro del cual hubiera que respirar.
¡Dios! No quiero ni imaginarlo.
¡Estúpidos llilliputienses con gentilicio extravagante de hijo de fulana poco desarrollado y mariquita!
Como han llovido enanos abundantemente, ahora hay que ver la inmensa cantidad de inútil barro, que ha dejado a la tierra muda, como un gigantesco trozo de tocino dentro del cual hubiera que respirar.
¡Dios! No quiero ni imaginarlo.
¡Estúpidos llilliputienses con gentilicio extravagante de hijo de fulana poco desarrollado y mariquita!
En la red
Agujero sí.
Agujero no.
Espacio sí.
Espacio no.
Tiempo sí.
Tiempo no.
Sí.
No.
Antonia, querida. Tiempos sin red. Espacios desenredados. Ámbitos desagujereados en los que siempre permanecer.
Si fueras gaseosa no te harían falta las redes para nada.
Sube.
Elévate y mira qué poco sentido tiene y qué absurda se ve la burda trama que pretende evitar el abismo. Observa cuánto tiempo hace que te diste cuenta: lo fundamental es el Vacío. El Gran Vacío.
Por eso escribiste en alguna ocasión: "continuamente al borde del Precipicio".
La distancia, tan justa, matiza sabiamente las aristas cortantes del ímpetu de aquellos años... Y de estos; da luz y descubre el poliedro necesario para que la vida no gire ansiosamente, desesperadamente, sobre una inmensa bola de acero descorazonadora.
El objetivo no se ha perdido, aunque el camino se haya difuminado de vez en cuando.
Ahora rezumas vida, Antoñita, ¿qué más quieres?
Sí.
Ya lo sé: tú, por supuesto, SIEMPRE quieres más.
En eso estamos.
Agujero no.
Espacio sí.
Espacio no.
Tiempo sí.
Tiempo no.
Sí.
No.
Antonia, querida. Tiempos sin red. Espacios desenredados. Ámbitos desagujereados en los que siempre permanecer.
Si fueras gaseosa no te harían falta las redes para nada.
Sube.
Elévate y mira qué poco sentido tiene y qué absurda se ve la burda trama que pretende evitar el abismo. Observa cuánto tiempo hace que te diste cuenta: lo fundamental es el Vacío. El Gran Vacío.
Por eso escribiste en alguna ocasión: "continuamente al borde del Precipicio".
La distancia, tan justa, matiza sabiamente las aristas cortantes del ímpetu de aquellos años... Y de estos; da luz y descubre el poliedro necesario para que la vida no gire ansiosamente, desesperadamente, sobre una inmensa bola de acero descorazonadora.
El objetivo no se ha perdido, aunque el camino se haya difuminado de vez en cuando.
Ahora rezumas vida, Antoñita, ¿qué más quieres?
Sí.
Ya lo sé: tú, por supuesto, SIEMPRE quieres más.
En eso estamos.
martes, 21 de agosto de 2012
Las diez
... Y sin encontrarte.
Estoy aprendiendo cosas nuevas hoy también y he encontrado sonidos que intuí e ignoré.
Estoy aprendiendo cosas nuevas hoy también y he encontrado sonidos que intuí e ignoré.
lunes, 20 de agosto de 2012
A vista de pájaro
Desde de mi más que humilde tamaño, tengo el placer inconmesurable de verte pequeña y frágil o gigantesca y peligrosa y tú, sin embargo, PERMANECES.
A pesar de mí.
Para mí.
A pesar de mí.
Para mí.
L u n e s v e i n t e d e a g o s t o d e d o s m i l d o c e
Hay frases impertinentes que recuerdan ideas poco apropiadas.
Hay fechas demoledoras para darte de bruces con tus incoherencias.
Hay días intempestivos que mejor faltaran en el calendario, valga la redundancia.
Hay ruidos detrás de la oreja que me provocan ansiedad.
Hay horas, minutos, segundos, que causan estupidos suicidios.
La misteriosa Luna, tan femenina, dicen.
Un número perfecto preñado de inevitables cercanías.
El fuego asolador del Imperio.
Una terrible profecía.
Hay días-espadas-de-Damocles, absolutamente reprobables. Desmesuradamente insoportables.
No es el caso, querida.
Hay fechas demoledoras para darte de bruces con tus incoherencias.
Hay días intempestivos que mejor faltaran en el calendario, valga la redundancia.
Hay ruidos detrás de la oreja que me provocan ansiedad.
Hay horas, minutos, segundos, que causan estupidos suicidios.
La misteriosa Luna, tan femenina, dicen.
Un número perfecto preñado de inevitables cercanías.
El fuego asolador del Imperio.
Una terrible profecía.
Hay días-espadas-de-Damocles, absolutamente reprobables. Desmesuradamente insoportables.
No es el caso, querida.
Acero
Cuando surgen estas palabras tan rotundas no tengo más remedio que hacerles caso y ver hasta dónde son capaces de llegar, de modo que me sumerjo en una suerte de deslizante indagación con tacto sedoso y allá voy, dispuesta a cualquier cosa, o casi.
El objetivo primero es ir dando brincos para sortear el inmanente prejuicio. Nunca sé dónde aparece, pero sí sé que está, lo cual es suficiente para mantener la fuerza y la sonrisa. Creo que es él, el prejucicio primero, quien me proporciona el dulzor de caña cuando me resbalo camino de la música. Después de haberlo reconocido se vuelve manso y, como un ya invisible lacayo, va abriendo puertas hacia donde me dirijo. Lo sabe. Desaparece.
Llego al mundo mágico de lo más simple, Antonia, envuelta en la sustancia esencial del acero.
Date cuenta: el UNO que son Dos.
Un beso acerado.
El objetivo primero es ir dando brincos para sortear el inmanente prejuicio. Nunca sé dónde aparece, pero sí sé que está, lo cual es suficiente para mantener la fuerza y la sonrisa. Creo que es él, el prejucicio primero, quien me proporciona el dulzor de caña cuando me resbalo camino de la música. Después de haberlo reconocido se vuelve manso y, como un ya invisible lacayo, va abriendo puertas hacia donde me dirijo. Lo sabe. Desaparece.
Llego al mundo mágico de lo más simple, Antonia, envuelta en la sustancia esencial del acero.
Date cuenta: el UNO que son Dos.
Un beso acerado.
Vuelvo de la historia
Acabo de regresar de sensaciones nuevas, mi querida Antonia; a pesar de que vas conmigo, hay veces que me deshago de tí silenciosamente, por no soportar tu peso. También espero que te sientas liviana cuando no estoy.
Vuelvo, como te he dicho, de ver cosas distintas, de descubrir ruinas cuidadosamente abandonadas y de poner a prueba mi imaginación. Vuelvo de haber sentido nuevos olores, de ver cómo las cosas son siempre iguales en cualquier parte: yo te tengo a tí que me permites infinidad de perspectivas. A todas me gustaría tener acceso, ya sé que no será posible.
Contradicciones, serenidad, sabiduría, certezas. Las ruinas se han convertido en maestras con solo abrir un poco los ojos.
¿Sabes, Antonia? No somos los únicos, ni los mejores. La humildad es fundamental para conocerte a tí misma y luego ser capaz de mantener la fortaleza en cada momento. Cuando llegan las vacas flacas se vuelve todo tan marrón que la luz apenas se distingue, pero si has mantenido el fuego que permite tener la luz, decir malos momentos o buenos se torna sólo una cuestión de percepción distorsionada de la realidad, porque tú permaneces más allá de las palabras flotantes, de los acontecimientos fungibles, dándote cuenta desde el amanecer hasta el amanecer; dándote cuenta de la necesidad o no de los movimientos del corazón.
El prodigio, Antonia, es incesante: una hermosa espiral.
Gracias.
Vuelvo, como te he dicho, de ver cosas distintas, de descubrir ruinas cuidadosamente abandonadas y de poner a prueba mi imaginación. Vuelvo de haber sentido nuevos olores, de ver cómo las cosas son siempre iguales en cualquier parte: yo te tengo a tí que me permites infinidad de perspectivas. A todas me gustaría tener acceso, ya sé que no será posible.
Contradicciones, serenidad, sabiduría, certezas. Las ruinas se han convertido en maestras con solo abrir un poco los ojos.
¿Sabes, Antonia? No somos los únicos, ni los mejores. La humildad es fundamental para conocerte a tí misma y luego ser capaz de mantener la fortaleza en cada momento. Cuando llegan las vacas flacas se vuelve todo tan marrón que la luz apenas se distingue, pero si has mantenido el fuego que permite tener la luz, decir malos momentos o buenos se torna sólo una cuestión de percepción distorsionada de la realidad, porque tú permaneces más allá de las palabras flotantes, de los acontecimientos fungibles, dándote cuenta desde el amanecer hasta el amanecer; dándote cuenta de la necesidad o no de los movimientos del corazón.
El prodigio, Antonia, es incesante: una hermosa espiral.
Gracias.
lunes, 6 de agosto de 2012
Preparada
He conseguido, mi querida Antonia, la postura que me permite poner en funcionamiento correcto la energía del universo entero.
Por fin controlo el inicio de la maratón y llego al Ser Consciente.
Querida, ¿cuánto tiempo crees que supone?
Si te digo que conozco el secreto del movimiento necesario para ponerte en acción, seguramente pensarás que no sabes a dónde quiero ir con todo esto. Pues cree, Antonia, que cada día estoy más cerca de tí. Y tú de mí.
Si vas indagando camino de las debilidades encontrarás el NO PERFECTO, Dios mismo por el sendero. No te pares. Sólo SIENTE cómo te acompaña. A partir de ahora el trabajo se hace liviano y placentero.
Observa al Maestro.
Gracias, Antonia.
Por fin controlo el inicio de la maratón y llego al Ser Consciente.
Querida, ¿cuánto tiempo crees que supone?
Si te digo que conozco el secreto del movimiento necesario para ponerte en acción, seguramente pensarás que no sabes a dónde quiero ir con todo esto. Pues cree, Antonia, que cada día estoy más cerca de tí. Y tú de mí.
Si vas indagando camino de las debilidades encontrarás el NO PERFECTO, Dios mismo por el sendero. No te pares. Sólo SIENTE cómo te acompaña. A partir de ahora el trabajo se hace liviano y placentero.
Observa al Maestro.
Gracias, Antonia.
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