Silva en la colina el fuste del arriero, que viene dislocado buscando una cobacha donde pasar la pena.
Ha perdido las riendas y esas yeguas roanas tiran sin compasión.
Mira, querida Antonia, es un hato de huesos y pelos deslavazados sentado en lo alto del carromato.
¡Qué tristeza tan amarilla!
No hay comentarios:
Publicar un comentario