Este invierno hará mucho frío.
En cuanto sale un rayito de sol me siento en la silla baja, como las viejas mujeres del pueblo, y me acurruco al calorcillo y me mezco en los recuerdos; como las viejas mujeres del pueblo, que hacen de su silla baja de tomar el sol -que de su vida han hecho- un intento de mecedora: Ahora tienen el regazo vacío, pero les queda, instintivo, el vaivén automático del reloj particular de terciopelo que se hicieron meciendo hijos y sueños. Todo entramado antes, y ahora casi disuelto.
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