viernes, 16 de noviembre de 2012

Egon Schielle

Vuelca las acuarelas, querida Antonia. Desparrámalas por el papel granulado como si el cosmos multicolor de tus vidriosos ojos hubiese dejado de flotar y anduviera perdido en un blanco desgastado.

Luego, Egon-Antonia, destaca la vida y la muerte, la luz y la oscuridad, lo diestro y lo siniestro con ese trazo que va desde tu frente a tu ombligo. Negro: Primero primario fuerte y denso sexo. Suave y melancólico luego, descendente desde el dolor; ascendente hasta el estrabismo que provoca la demencia.

Recoge los ámbitos de la soledad; arrástralos hasta tu cama; han crecido macerados en una infancia recia. Desde ella hasta el suplicio te ibas y te venías rogando a los rosados y a las carnaciones algún subsidio; sin embargo, todas las luces se irisaban hacia el lirio, hacia el púrpura.

Fíjate en los decadentes naranjas, en los vibrantes y desconcertantes rojos. Aprecia los tenebrosos azules. Deja que el blanco te asombre mientras tratas de entender.
Querida Egon-Antonia, oye qué sinfonía trágica y lacerante interpreta la belleza. Óyela.


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