miércoles, 7 de noviembre de 2012

Trabajando

Castañas caos voladoras repartidas expandidas disparadas por toda la habitación. Bolas pequeñas que iban agigantándose según recorrían espacio y tiempo. Misiles podridos infectos napaleados y distribuidos contenidamente, dirección: los ojos, el pecho, la boca, los ojos. ¡Dios!.

A las cinco en punto de la mañana me puse a crecer como loca para curarme ipso facto de aquel hedor insoportable que me rondaba el sueño y la esperanza.¡Dios, de nuevo!

Antonia querida, está claro: nadie podrá remediar lo irremediable. Nadie abre la boca. Todos cierran los ojos, los oídos, las manos. Hay un gigantesco cenicero en el que nos ponemos a verter vida sin pensar lo que hacemos. El gigantesco cenicero del sufrimiento más estúpido.

Antonia mía, cuánto te quiero. Dios mío.
Abre los ojos y verás la luz que te guiará..
Abre los oídos y oirás las respuestas que necesitas.
Abre las manos y encontrarás la ayuda que pides.
Abre la boca y recibe el Aliento que te dará la fuerza que anhelas.
Huele el aire que te rodea buscando los aromas que dan paz.
Siente la energía que te da hálito. Siente a Dios, Antonia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario