Mi querida Antonia:
Todos los sinsabores son míos; los he criado yo.
Todos se han construido pacientemente y han llegado a ser artilugios sin arte:
Lámparas sin luz. Anaqueles vacíos. Amortiguadores sin elasticidad.
Paciencia sin mérito. Disturbios sórdidos y estériles.
Harapos de andar por casa. Mesas desasosegadas.
Dinteles oscuros llenos de papeles. Alcancías borrosas inundadas de ceros.
La memoria sublimada, amarilla, seca y alerta, al acecho de los primaverales impulsos sin conciencia.
¿Cómo es que siempre, a lo lejos (más o menos lejos) asoma el rayo luminoso, a pesar del lastre insidioso de monótona rutina?
© 2017 Felisa O.F. Todos los derechos reservados
No hay comentarios:
Publicar un comentario