Empezamos a perdernos:
Dar qué, dar a quién, por qué dar; ¿dar sin recibir?
Acepciones del verbo Dar (entre muchas):
Dar en familia, dar a los amigos y amigas, a los conocidos y a los desconocidos.
Dar con generosidad y con humildad; dar sin humillar, sin señalar. Dar sin que nos sobre. Compartir.
Impregnados de la materialidad y superficialidad de una sociedad íntimamente marcada por el consumismo sin medida, sin freno, los adolescentes (y los demás) solamente entienden el dar en un sentido: doy mis pertenencias materiales. Por descontado, si me sobran o si ya no me sirven o si ya no las quiero.
El verbo Dar y su contenido se reducen, tristemente, a esta absurda e inquietante acepción. El verbo DAR, siendo origen y sentido del Universo, se simplifica hasta las cloacas del egoísmo ignorante y demente que, a través de millones de pantallas, se nos inyecta directamente en el ADN. Sin dolor. O todo lo contrario.
© 2017 Felisa O.F. Todos los derechos reservados
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