Sigue lloviendo como en los libros de repúblicas sureñas de Gabriel García Márquez.
Los grises pintan de sordidez el ambiente en las calles y refuerzan la tristeza las tibias luces interiores.
Llueve.
Llueves hasta Cándida Eréndira, hasta su desalmada abuela.
Destilas hastío hasta los campos bananeros hundidos en la humedad verde oscuro de selvas interminables y asfixiantes.
Llueves. Llueves mucho y no hay sol que te pueda consolar, niño.
© 2017 Felisa O.F. Todos los derechos reservados
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