sábado, 23 de junio de 2012

Los amarillos redondos ya están aquí

Y hay una luna de hoz naciendo al final de la escalera. Asómate a la blanca barandilla y verás, si miras hacia arriba, cómo el espíritu de tus ancestros sube escalado en la frescura. Así llegas a tocar las luminarias insólitas que aparecen de cuando en vez alrededor de tu cuerpo. Descubres que tras-eres y dejas caer el petate recio que te lleva mundo arriba, mundo abajo. Allí, mi querida Antonia, donde nos encontramos, es el hueco del donut empalagoso y gigante, al que nos obligan los días, las eras. En él, en ese hueco, se encuentra el precioso juego que nos ocupa, así como todas las cosas grandes y azules que cabrían en un cuadro. Toma conciencia, Antonia de que allí el donut no existe. El donut allí no existe. Ja. Eres inmensa, Antonia, como el gran rosco.

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