miércoles, 9 de mayo de 2012
Dada, mi querida Antonia, la gravedad de la crisis, los datos que antes me parecieron irrefutables, ahora se han deshilachado y bailan al aire impertinente de la brutal realidad. Los presupuestos han dejado de serlo y se transforman en evidencias sangrantes. ¿Tu recuerdas, Antonia, todo aquel rosario de insinuaciones que nos poblaron de azules y rojos los límites de todas nuestras sospechas? Yo sí. Ahora me empeño en mantenerte alerta para que no me hable luego tu voz de grillo como si fuera el divino oráculo. Que te conozco.
En el aula de los desterrados se toman medidas y se aceptan intrigas.
Da miedo, Antonia.
Ja
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