lunes, 28 de mayo de 2012

Fuera de órbita

A mayo, amiga mía, le queda un breve suspiro.
Las cosas que se me vienen a la cabeza son tan triviales. Y las compenso con respiraciones tan profundas.
Mira al cielo. Sobreponte al bochorno.
¿Tú crees que es posible hablar de los demás sin juzgar? Pienso lo mismo.
Aún me muevo entre dos aguas porque el ego tira de mí con fuerza y aunque esto me parece una simplicidad cuando lo pienso, es increible que la distancia distorsione tanto; me refiero a la corta distancia.
Ayer y la noche anterior estuvieron jugando al triste escondite de las palabras hirientes. De repente detrás de magníficas sonrisas acicaladas para el acontecimiento, empiezan a caer máscaras en cascada y siento que no me corresponde estar allí.
Asumiendo el trago, querida mía.
Los cuchillos, los tenedores, los platos recorrían a la velocidad del puro miedo la distancia entre comensales enfrentados, igual que las migas de pan que los maleducados niños de la mesa contígua hacían volar. Vi en ese momento reflejados los gestos en ambas mesas y pensé: "¿En qué consiste "portarse bien"?" Nosotros no tuvimos la suerte de tener una sufrida monitora que nos dirigiera el juego aberrante en el caíamos, así que apareció el placer: los virados de palabras cultas, las sutiles amenazas, los acentos apostados, los refranes apropiados.
Allá va el primer vómito. Luego todos.
¡Dios, Antonia, qué asco! ¡Estaba atenazada!
Se habían perdido, en el revuelo de moños y oropeles, todas las orejas, todos los ojos. Las bocas habían triplicado su volumen y su tamaño y ocupaban todo el rostro.
-¡Come, hija! ¡El jamón está riquísimo!-
Debajo de la mesa, en el jarrón con las flores, en las lámparas, en las gigantescas fotografías o acompañando a cualquier ente animado que recorriera la sala. También enganchada a la punta de mi nariz, de vez en cuando. Así procuré que el tiempo pasara sin mutar.
¡Qué cansancio, Antonia! ¡Qué agotamiento!
Chorreones de pura amargura llevaba el jamón transparente. Había un hedor inapropiado y se discutían las herencias de los mejor heredados. La razón (tan razonable), pasaba de soslayo cuando intuía que el vino la precedió.
A donde estuvo Fellini aquella noche y aquella tarde yo lo sé.
Me vas a permitir, querida, que vuelva a perder el sentido hoy. Todo el sentido.


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