Agujero sí.
Agujero no.
Espacio sí.
Espacio no.
Tiempo sí.
Tiempo no.
Sí.
No.
Antonia, querida. Tiempos sin red. Espacios desenredados. Ámbitos desagujereados en los que siempre permanecer.
Si fueras gaseosa no te harían falta las redes para nada.
Sube.
Elévate y mira qué poco sentido tiene y qué absurda se ve la burda trama que pretende evitar el abismo. Observa cuánto tiempo hace que te diste cuenta: lo fundamental es el Vacío. El Gran Vacío.
Por eso escribiste en alguna ocasión: "continuamente al borde del Precipicio".
La distancia, tan justa, matiza sabiamente las aristas cortantes del ímpetu de aquellos años... Y de estos; da luz y descubre el poliedro necesario para que la vida no gire ansiosamente, desesperadamente, sobre una inmensa bola de acero descorazonadora.
El objetivo no se ha perdido, aunque el camino se haya difuminado de vez en cuando.
Ahora rezumas vida, Antoñita, ¿qué más quieres?
Sí.
Ya lo sé: tú, por supuesto, SIEMPRE quieres más.
En eso estamos.
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